Fortalecer la educación para la ciudadanía en el estado de Chiapas

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Florentino Pérez Pérez
Doctor en Administración Pública
florentinopp@hotmail.com



Resumen

La escasa participación social en los asuntos públicos es una de las expresiones de la crisis del modelo económico y del sistema político vigente, que ha propiciado profundas desigualdades sociales, exclusiones, inequidades e incredulidad en los actores políticos, apatía y escepticismo cívico de la población, entre otros síntomas sociales.

La construcción de la ciudadanía es un tema de interés de las instituciones educativas, para quienes diseñan las políticas públicas, los partidos políticos y los órganos electorales, en tanto es un factor que contribuye a fortalecer la participación social y la calidad de la democracia.

Este articulo describe la importancia que tiene para la democracia el contar con una estrategia de intervención pedagógica para la construcción de ciudadanía, que vincule los contenidos de la educación básica con otras dependencias de la administración pública, para el ejercicio de los derechos y obligaciones cívicas robustezcan la vida democrática en el estado de Chiapas.



Abstract

The low social participation in public affairs is one of the expressions of the crisis of the economic model and the current political system, which has led to deep social inequalities, exclusions, inequities and disbelief in political actors, apathy and civic skepticism of the population, among other social symptoms.

The construction of citizenship is a topic of interest for educational institutions, for those who design public policies, political parties and electoral bodies, as it is a factor that contributes to strengthening social participation and the quality of democracy.

This article describes the importance of a strategy of pedagogic intervention for the construction of citizenship for democracy, which links the contents of basic education with other dependencies of the state and federal public administration, for the exercise of rights and civic obligations and strengthens social participation in Chiapas.



Palabras clave: Construcción de ciudadanía, intervención pedagógica, Educación, dependencias de la administración publica.

Key words: Education, Citizenship construction, pedagogical intervention, dependencies of the public administration and social participation.



¿Qué significa la libertad o la posibilidad de participación
de los ciudadanos? […] ¿que es la Paideia, la educación del ciudadano?
No se trata de enseñarles aritmética, sino de
enseñarles a ser ciudadanos.
Nadie nace ciudadano.
¿Y cómo se convierte uno en ciudadano?
Aprendiendo.

Cornelius Castoriadis



Introducción

La sociedad mexicana atraviesa por una creciente insatisfacción social y cuestionamiento al Estado, por la falta del cumplimiento de sus funciones de garantizar los derechos sociales (Florescano & Cossío, 2015).

Existe una apreciación social de que: “La sociedad democrática se encuentra sola, desconfiada de los partidos políticos, desconfiada de sus representados[…]hasta desconfiada de instituciones seculares, mucho más antiguas que la propia democracia, como lo es la iglesia católica” (Molina 2015, p.10).

El individuo se siente solo, abandonado. El pago de impuestos es el único cordón umbilical con el Estado. La brecha entre el gobierno y la sociedad crece. A pesar de que los gobiernos democráticos posibilitaron que esclavos, siervos, súbditos únicamente con deberes, pasaran a ser ciudadanos también con derechos.

Ante este escenario ¿qué importancia tienen, en estos tiempos, los derechos y deberes ciudadanos, en el contexto de la globalización y la crisis del Estado, que se expresa en los síntomas sociales de incertidumbre e incredulidad de los sistemas de representación política? Esta interrogante, sin duda, tiene que ver con las deudas que ha dejado la modernidad y los escenarios de desencanto y desilusión en los asuntos públicos y en los actores político, por parte de los ciudadanos.

Esta crisis del Estado y del funcionamiento del sistema político mexicano, de sus prácticas y estilos, ha tenido un efecto pernicioso. Para revertir y/o contener esta tendencia, se hace necesario, fortalecer la formación de los ciudadanos en la práctica responsable, autónoma y plena de sus derechos y obligaciones y robustecer la democracia como forma de gobierno.

En esta perspectiva se inscriben estas reflexiones: la formación ciudadana.

Una de sus premisas es que la escuela es un espacio social propicio para el desarrollo de la formación ciudadana y, que si se establece un esquema de coordinación interinstitucional entre la Secretaría de Educación (de la cual depende la Educación básica), los Órganos electorales y la Universidad Autónoma de Chiapas, a través del Centro para la Construcción de Ciudadanía y la Seguridad, se potenciará la participación social y el desarrollo de las competencias contenidas en las asignaturas de Formación Cívica y Ética.


La sociedad contemporánea

Desde los tiempos más remotos, los hombres han tratado de forjar y pensar en sociedades que no los opriman y que incluso sean perfectas. Existe la necesidad de buscar, construir y encontrar un mundo mejor. Para sobrevivir buscan consuelos intelectuales y morales en las utopías. Es la utopía de la felicidad, la ilusión armónica, entre el hombre, la sociedad y también la naturaleza, como la concebía Tomás Moro en 1516, cuando publicó su obra clásica Utopía: mostrar una sociedad ideal donde no existan problemas y todos ayuden a todos. En la utopía siempre se piensa que el futuro será mejor.

En tiempos más recientes, particularmente con la culminación de la Revolución francesa de 1789, se da inicio a una nueva etapa de la humanidad. Surge la modernidad como la nueva esperanza del desarrollo de la sociedad. El siglo XIX iba a ser el triunfo del progreso, algunos filósofos e intelectuales comenzaron a hablar y a escribir en nombre del futuro luminoso de la razón instrumental.

A propósito del concepto de la modernidad en un sugerente artículo titulado Modernidad y Posmodernidad, expresa:

Prefigurada en el Renacimiento, ya adquirió sus perfiles propios con la filosofía ilustrada del siglo XVIII. Secularización de la sociedad, ascenso de la burguesía, capitalismo mercantil y monopólico, universalización, humanismo, afirmación del individuo, racionalismo, consagración del "sujeto" como eje de la teoría, ideal del cambio, búsqueda de un mañana y de utopías posibles, revolución o reforma social, afirmación de los estados nacionales, democracia y libertades individuales, progreso y desarrollo, lo nuevo como valor absoluto, la ciencia y la técnica como claves redentoras del reino del trabajo y de la necesidad, el futuro como promesa; en la modernidad han cabido desde los socialismos hasta los fascismos más diversos; desde la ciencia ficción hasta las añoranzas utópicas de los románticos (Ubidio, 1998, p.55).


La modernidad y su idea de progreso, no es más que otra cara de la utopía, otro espejismo de la armonía social, según el cual la felicidad humana puede llegar a encontrarse después de siglos de violencia y miseria física y moral que propicia un modelo de desarrollo que llegó a su fin, a su tiempo final y se niega a perecer.


Neoliberalismo y globalización

El neoliberalismo ha impuesto un prototipo de sociedad, de expoliación y subordinación, que ha generado profundas desigualdades que afectan a una parte importante de la humanidad. En este modelo de producción se limita la intervención del Estado en la economía y es el mercado el que impone las reglas. Se ha expandido casi por todo el mundo y ha propiciado la homogenización de los países y de sus culturas. Ante este proceso de homogeneidad impuesto por este modelo de desarrollo, la educación, a través de las políticas educativas, responde a su lógica. Sin embargo, es también un espacio de resistencia y tiene un papel estratégico para fortalecer la visión humanista y del respeto a la diversidad cultural.

En este contexto, abrir espacios de discusión y debate sobre estas nuevas realidades (neoliberalismo y globalización), la noción de país y autonomía versus industrias culturales unificadoras, implicará repensar los conceptos de nación y territorio, entre otros.

El fortalecimiento de las identidades pluriétnicas y multiculturas, deviene en un tema crucial de resistencia frente a los embates globalizadores. Sin embargo, esto no significa el aislamiento. Carlos Fuentes (1978) dice que las culturas crecen, se desarrollan al fecundarse y entrar en contacto unas con otras, manteniendo sus raíces que le dan identidad.

La globalización representa una diversidad de retos para la sociedad contemporáneas. La mayoría de ellas está modificando tradiciones y costumbres culturales, con la presencia e impacto de las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Adicionalmente la globalización ha contribuido a desarrollar el conocimiento científico-técnico y de innovar y tecnificar todos los procesos en las sociedades con mayor desarrollo. Esto ha favorecido la presencia de una gran cantidad de datos informativos y códigos comunicativos, que han dado origen a la llamada sociedad de la información y el conocimiento.

Sin embargo, hay que subrayar la diferencia entre información y conocimiento. Esta es sólo un insumo para su generación o recreación. Frente a ello, la educación debe promover la formación de habilidades, capacidades, destrezas, actitudes y competencias para la selección y procesamiento de la información, para su sistematización y construcción de conocimiento.

Bauman (2007) se hace una reflexión sobre la cultura y la sociedad. En la modernidad, todo es líquido, inconsciente, evanescente. Las condiciones de vida y acción, o las estrategias de respuesta, se modifican con tal celeridad que no pueden consolidarse ni traducirse en hábitos y costumbres. Todo fluye y se desvanece.

Esto provoca que las brechas crezcan más entre la política, lo público y los individuos. El individuo moderno, quien, alienado al mundo, sólo puede revelarse verdaderamente y en la intimidad de los encuentros cara a cara. Se pregunta por la posibilidad de convertir el espacio público en lugar de participación duradera, de diálogo permanente, y de confrontación entre el consenso y disenso.


La impronta de las tecnologías de la información y comunicación

Las grandes transformaciones vinculadas al desarrollo de las tecnologías de la comunicación (la televisión, la radio, la computadora, el teléfono celular y el internet, entre otros) por citar algunas de ellos, han incidido con repercusiones en la sociedad en general tanto en sus relaciones sociales, además, en la producción de bienes y servicios.

Se ha modificado la noción de tiempo y espacio. Las llamadas redes sociales han creado una realidad paralela, una realidad virtual; que planteen problemas inéditos y nuevas interrogantes de orden epistemológico. La educación debe contribuir a evitar que las tecnologías trastoquen los tradicionales modos de vida individual y colectiva.

Sartori (1998) dice que nos encontramos en plena y rapidísima revolución multimedia. Un proceso que tiene numerosas ramificaciones (Internet, ordenadores personales, ciberespacio) y que, sin embargo, se caracteriza por un común denominador: tel-ver y, como consecuencia, nuestro video-vivir, la aparición de un nuevo medio, como resultado del desarrollo tecnológico, ha conllevado inseparablemente a una nueva forma de ver el mundo. El Homo sapiens se esta transformando en Homo videns.

En esta perspectiva, empieza a desarrollarse la noción de ciudadanía digital, que se concibe como un conjunto de prácticas políticas y ciudadanas que de una forma u otra tratan de modificar y/o incidir en la participación social, a través del uso de medios y tecnologías que tienen como características la digitalización de sus mensajes y contenidos, en las redes sociales.

Desde principios del siglo XXI, investigadores como Castells, Rheingold y Scolari, entre otros, han puesto su atención en los aportes y beneficios que internet y las tecnologías de la información traerían a la construcción de una mejor democracia, a la potenciación del ejercicio de la ciudadanía y la mayor participación en los asuntos públicos (Natal, 2014).

Sin duda que la impronta de las TIC han contribuido a acelerar el fenómeno político de particular relevancia en la actualidad: el uso del internet en el ejercicio de la democracia da paso a la ciudadanía digital (Natal, 2014). Es decir, la nueva modalidad de participación de los ciudadanos mediante las tecnologías de la información y comunicación, en procesos de consulta y toma de decisiones que afectan el ámbito público.

La Aldea Global que avizoró Herbert Marshall es una realidad. Los acontecimientos suscitados en cualquier parte del mundo los conocemos casi de manera instantánea generando una especie de conciencia mundial de los hechos, en el momento en que estos están ocurriendo (McLuhan, 1962).


Crisis de los proyectos políticos y desencanto social

Otro aspecto que emerge en las sociedades contemporáneas, como resultado de los estudios recientes que desde la ciencia política y la sociología se han desarrollado, es la calidad de la democracia y cómo ésta se ejerce. Sus resultados muestran el distanciamiento, cada vez mayor, entre gobernantes y gobernados; la pérdida de legitimidad, desconfianza e insatisfacción, hacia los dirigentes e instituciones políticas. Así como la falta de participación ciudadana en los asuntos públicos, el estancamiento de las iniciativas de ley y de las políticas públicas para atender necesidades vitales (Informe sobre la calidad de la democracia PNUD, 2004).

La ausencia de proyectos políticos viables y convincentes para los ciudadanos ha contribuido a la pérdida de credibilidad del quehacer cotidiano de la sociedad política. Los partidos políticos no han sido capaces de presentar programas con opciones de desarrollo económico y crecimiento social. Las aspiraciones de la sociedad no se encuentran reflejadas en los proyectos políticos y sociales. La realidad económica, social y política de los mexicanos en general y chiapanecos en particular, contrasta con el discurso.

La educación tiene el reto de rescatar la credibilidad de las instituciones, promover un acercamiento real entre las aspiraciones de la sociedad civil y el proyecto de gobierno de la sociedad política y contribuir a construir una cultura democrática.


Ciudadanía y educación

La ciudadanía es una construcción social, que no sólo es responsabilidad de la escuela o de la educación formal sino también de otras instituciones y de la sociedad en su conjunto.

El Grupo de Investigación en Educación, Política y Cultura, en sus indagaciones resalta la importancia que tiene la escuela pública en la formación de la ciudadanía, apunta que fue la institución encargada de la socialización en valores comunes y universales y en el logro de la cohesión social (Castro, 2012).

¿Qué significados estructuran y dan sentido a la construcción de la ciudadanía en el contexto actual, de incertidumbre, incredulidad y crisis de los sistemas políticos? La respuesta a esta interrogante, sin duda, tiene que ver con las deudas que ha dejado la modernidad y los efectos e impactos de la globalización que a polarizado la vivencia humana, la vida errante y acrecentado el individualismo (Bauman, 2007).

Ante los escenarios de desencanto y desilusión en los asuntos públicos y en los actores políticos, el fortalecimiento de la democracia como forma de gobierno, dependen, entre otros factores, de las acciones ético-educativas que se emprendan, de la formación de los ciudadanos para la práctica responsable, autónoma y plena de sus derechos y obligaciones.

Según el Manual para lectores y electores, sigue imperando un generalizado desconocimiento sobre los aspectos y características más elementales del sistema de gobierno y del propio sistema electoral. La inmensa mayoría de los electores mexicanos desconoce el nombre del diputado de su distrito electoral y el del senador de su estado. Mucho menos entienden la diferencia entre un legislador electo por mayoría relativa y otro electo por representación proporcional (Alcocer, 2006).

Una ciudadanía responsable es un factor estratégico que coadyuva a resolver la complejidad de los conflictos emergentes, que son el resultado de la crisis que afecta a las sociedades contemporáneas y se expresa en desigualdades sociales, exclusiones y discriminaciones, en algunos casos.

Para fortalecer la democracia de una sociedad como la que vivimos, se requiere de formar a la ciudadanía, es decir, desarrollar todas aquellas competencias y aprendizajes dirigidos a saber estar, vivir y convivir con los demás, desde una perspectiva social.

Formar ciudadanía es formar sujetos críticos y autónomos que ejerzan sus derechos y obligaciones. La ciudadanía es una construcción, en tanto el tránsito de individuo a ciudadano, tiene que ver con la apropiación de los derechos civiles, políticos y sociales (Martiarena, 2009).

Significa, también, promover en los estudiantes el desarrollo del conocimiento de las destrezas o habilidades, de aptitudes y valores que capaciten a las personas en el ejercicio pleno de la ciudadanía en una sociedad democrática. Para ser ciudadano, no basta conocer las reglas básicas de comportamiento cívico, hay que tener conocimientos, haber desarrollado unas competencias cognitivas y lingüísticas (Guevara, 2001).


La educación como factor de construcción de ciudadanía

La formación de los ciudadanos parte de la construcción de un conjunto de ideales, que permiten definir el tipo de hombre que se quiere formar: justos, honestos, democráticos, amantes de la paz, solidarios con sus semejantes, sensibles ante los problemas sociales, tolerantes ante las diferencias y discrepancias, defensores de la libertad.

Además, de practicar el respeto, la tolerancia y la pluralidad en todos los aspectos como actitudes valorativas, para enseñarnos a convivir en armonía, a dialogar con actitud crítica con los otros, a reconocer la diversidad, a asumir voluntades que permitan superar las diferencias y discriminaciones sociales, a consentir que no somos los únicos ni mucho menos los mejores, que existen otras culturas y grupos culturales distintos a nosotros. Desarrollar esta competencia ciudadana es el reto.

Los espacios educativos son resultados de procesos históricos. Han tenido la misión de contribuir al desarrollo de la formación de la personalidad humana, al fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales que favorezcan la tolerancia, el respeto a la dignidad y a la autonomía del otro, la convivencia y la solidaridad, entre otros valores. Las escuelas son los espacios sociales donde se concretiza la educación formal. Esta idea filosófica y axiológica de la formación está presente, en mayor o menor medida, en los planes y programas de los diferentes tipos, niveles y modalidades del sistema educativo (Guevara, 2001).

La escuela, donde se desarrollan las prácticas formativas, es un espacio social. Por ello decimos que la construcción de ciudadanía es una práctica social, un proceso esencialmente formativo, pedagógico. Opera sobre la conformación del imaginario y de los hábitos y actitudes que expresan distintos roles y posiciones de los sujetos en la sociedad, y dentro de los sistemas políticos.

La formación de sujetos sociales se ha limitado, preponderantemente, a la educación formal, al espacio escolarizado, a la escuela, porque es ahí donde se objetiva y se desarrolla la filosofía y las políticas educativas, que orientan la formación y la práctica de determinados valores que van estructurando la noción de ciudadanía.

Es a través de las trayectorias escolares, de la educación, en tanto proceso permanente de desarrollo humano, que se van creando ambientes propicios para aprender a aprender, es decir adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos para participar y cooperar en las actividades humanas y aprender a ser para mejorar la calidad de vida (Informe de la Unesco de Jaques Delors, 1994).


Formación cívica y ética en la educación básica

Mientras en otros países la educación para la ciudadanía es parte de su legislación educativa, la cual se enfoca en estudiar y analizar las grandes declaraciones universales de los derechos humanos y la práctica democrática, que oriente el conjunto de la vida escolar para la formación de ciudadanos autónomos, libres, responsables y comprometidos en los valores de la solidaridad, igualdad, respeto y justicia que ayude a superar cualquier tipo de discriminación y permita la formación para la prevención de conflictos en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social; en México apenas en la educación básica hay dos asignaturas: una de civismo y otra de formación cívica y ética (SEP, 2011).

Necesitamos generar una cultura de participación democrática en los alumnos de educación básica, para formar sujetos con conocimientos, capacidades, aptitudes y valores que comprendan y transformen su realidad. Además de ello, que se desempeñen como ciudadanos comprometidos con la democracia, la paz y el bienestar de todos. Aspectos que pueden y deben ser desarrollados mediante contenidos transversales en los planes de estudio, tales como las grandes declaraciones universales de los derechos humanos y la práctica de valores que inspire el conjunto de la vida escolar.

Frente a los retos que plantean los cambios del mundo contemporáneo, es necesario fortalecer la identificación de niños y jóvenes con los valores, principios y tradiciones que caracterizan a nuestro país. Al mismo tiempo, se trata de formar ciudadanos respetuosos de la diversidad cultural de la humanidad, capaces de analizar y comprender las diversas manifestaciones del pensamiento y la acción humanas.

Lograr estos objetivos es tarea de la educación básica, pero también de la familia y sociedad y no de una asignatura específica. La enseñanza de la educación cívica contenida en la asignatura de Formación cívica y ética del plan de estudios, pretende recuperar su carácter de proceso intencionado y con propósitos definidos. En el programa de esta materia se organizan los contenidos educativos (conocimientos, valores, habilidades y actitudes) para que docentes y padres de familia los tengan presentes y les dediquen atención especial en todos los ámbitos (aula, escuela, familia y sociedad).


La educación cívica en los órganos electorales

El Instituto Nacional Electoral (INE) asume que la educación cívica como el proceso formativo que contribuye a la convivencia y participación democrática de los ciudadanos, mediante el desarrollo de un conjunto de competencias que los hacen conscientes de la importancia del ejercicio de sus derechos fundamentales, el cumplimiento de sus obligaciones ciudadanas y de la participación en los asuntos públicos (INE, 2014).

Para el desarrollo de sus objetivos, el INE tiene a su cargo la educación cívica como una estrategia nacional e integral porque incluye todos los procesos necesarios para el diseño, la implementación y la evaluación de las políticas de educación cívica; además de potenciar los esfuerzos de instituciones y actores de todos los ámbitos y sectores de la sociedad.

En el diagnostico de la estratega nacional, el INE reconoce las debilidades de la cultura democrática que ha estado ausente y propone desarrollar los ejes de dialogo, la verdad y la exigencia. En esta perspectiva trabaja el organismo público local del INE en Chiapas: el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC), el cual desarrolla también, en coordinación con el INE, la implementación de la Estrategia Nacional de Cultura Civica 2017-2023, para fortalecer la cultura democrática (INE, 2017).


Chiapas, la riqueza de la pobreza

El sureste mexicano tiene los más bajos niveles en los Índices de Desarrollo Humano del país. Los rezagos sociales en materia de salud, educación y vivienda, entre otros, ubican a Chiapas como uno de los estados con mayores niveles de marginación (INEGI, 2015).

La pobreza, la destrucción acelerada de los recursos naturales, especialmente las selvas y bosques, la contracción del gasto público y los conflictos sociales y políticos que han cobrado vidas humanas, se agudizaron durante los últimos treinta años, como resultado de las políticas públicas que no atendieron los problemas estructurales socioeconómico y político de atraso secular. Algunos de estos fenómenos que ya se venían perfilando desde la segunda mitad de los ochenta, se aceleraron y alcanzaron un nivel explosivo en 1994 con la aparición del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.


Modelo de intervención pedagógica para la construcción de ciudadanía

En la educación básica se imparte la asignatura de Formación Cívica y Ética, sin embargo, su ámbito de acción se restringe al espacio escolar y escasamente se articula con problemas reales o significativos de la vida cotidiana.

Mientras que los Programas de educación cívica del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana, y de la Junta Estatal del Instituto Nacional de Electoral, no están articulados con la educación básica y tienen poco impacto. Lo mismo sucede con el Centro para la construcción de la ciudadanía y la seguridad de la Universidad Autónoma de Chiapas.

Por ello, la propuesta de un Modelo de intervención pedagógica permitirá contar con una estratégia integral de construcción de ciudadanía, que desarrolle las competencias cívicas y aliente la participación de la ciudadanía en los asuntos públicos, que revierta las causas que fomentan el desencanto e incredulidad de gran parte de la población chiapaneca, para participar en el ejercicio de sus derechos y obligaciones cívicas y contribuir al fortalecimiento la vida democrática del estado y al fortalecimiento de la calidad de la democracia.

Resumiendo, la formación para el ejercicio de los derechos y deberes ciudadanos tiene el reto de rescatar la credibilidad en las instituciones, promover un acercamiento entre las aspiraciones de la sociedad civil y el gobierno, así como construir una cultura democrática con la participación de todos los actores sociales.



REFERENCIAS

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